El simple hecho de pensar que hace poco mas de un año, acá, en
este mismo blog escribía sobre mi ultimo primer día de clases y esa mezcla de
sentimientos encontrados en nostalgia y expectación que creaba el hecho de
tener en frente y solo a un paso el ultimo año de secundaria, me recuerda como
pasa el tiempo. Pero no solo eso, me recuerda a una yo distinta, me siento
tanto más grande ahora. Suena snob, ya lo se. Pero no se siente así para nada. Se
siente autentico. Quizás sea porque se siente lejos, se siente tan lejano, tan
irrecuperable que yo me siento mayor. Se sienten tan distantes las sonrisas,
las miradas. Ese sentimiento único, inexplicable, de compartir algo con un
grupo. Es más que unión, es más que compañía. Es una sensación de seguridad, de
tener la misma meta, de ser mucho más que un individuo, de compartir esa sensación
que solo alguien a punto de egresar comprende.
Creo que en las
muchas otras entradas se entiende que fue un año con altibajos, con la
felicidad irreal, el deseo hipnotizante, la tristeza destructora y demás...
y debo admitir no estar exagerando cuando digo que recuerdo cada pequeño
detalle, de cada risa, de cada abrazo de cada baile, en fin lo recuerdo todo y
lo atesoro de la misma manera. Como un recuerdo inigualable. Hoy más que nunca
lo siento ahí, en el pasado. Y es que me enloquecen las ganas de que este
presente se convierta en mi futuro que mirar hacia atrás me distraería de lo
que ahora estoy buscando.
Me acuerdo como
ese primer día, hace un año, me quede dormida y llegue tarde. Tendría que haber
ocupado mi puesto en la bandera, pero en el momento en que el acto de
bienvenida empezaba y los abanderados hacían aparición yo me encontraba recién
cruzando el umbral de la puerta de entrada. Tratando de abrirme camino entre la
multitud de padres aglutinados llegue hasta donde el resto de mis compañeros se
encontraban y me recibieron con muchos retos por no haber estado ahí antes. No
era nada serio pero mientras cantaba el himno entre la multitud y vena en el
escenario mi lugar vació, a mis compañeras nerviosas que un día antes me habían
hecho prometer que iba a estar ahí con ellas, y a los demás pendientes de que
yo llegara, me sentí afortunada, esperanzada, que podía contar con
todos, que tenia su apoyo. Aunque se que el lunes no vamos a formar una fila, y
que de esos 24 probablemente no haya ninguno, me invade la misma fortaleza. La
idealista y fantasiosa idea de que por más que no estaremos en el mismo lugar físico,
todos contamos con esa energía no me deja otra opción que ser total y
completamente optimista. Porque así me siento, como si una conexión
inexplicable me conectara con su voluntad de que nos vaya bien a todos.
Hoy no quiero
volver el tiempo atrás, hoy no lamento ni me arrepiento de nada. Seria
deshonesto e imposible de creer si dijera que deje todo atrás,
ya que tan solo en un par de días mi propia mente me traicione recordándome
que extraño a personas que debería haber olvidado es algo que no me atrevería a
negar. pero al menos por el momento ese cerebro mió el cual temo que ni
yo he logrado comprender se encuentra totalmente desbordado de ansiedad por
levantarse a las cinco de la mañana y salir a esperar un colectivo, por lo que
no tiene tiempo, ni lugar para pensar en algo que no sea en eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario